Katrina Volkova

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Katrina Volkova

Mensaje por Katrina Volkova el Sáb 6 Sep - 16:08



Cazadora ❧Burguesía
Katrina Volkova, 26, Imperio Ruso

Personalidad

Katrina es todo un carácter. No le busques las cosquillas si no quieres estrenar nueva cara. Su vida ha hecho que se muestre dura e impasible frente a los demás– sobre todo si “los demás” es gente que no le cae especialmente bien–. Antes era una persona muy altiva pero el transcurso de los años ha hecho que aprenda y analice bien a la persona que tiene al lado. No es agradable cuando tus aires de grandeza hacen que quieras cortarte la lengua. No obstante, a veces le gusta recordar viejos días y sacar su orgullo a relucir– qué recordar ni qué mierdas, a veces no puede evitar su vena orgullosa y se acabó–.

Su mayor defecto: la ira. Intenta convivir con ella, aprender de ella, pero muchas veces la ira la domina. En algunas ocasiones el domino de la ira ha hecho que su trabajo sea impecable y certero. Otras, que no analice bien la situación y cometa errores que podrían haberla llevado a la muerte.
Los sentimientos pueden hacer mella en su trabajo pero la vida sin ellos es insulsa.
Le gustaba utilizar el sarcasmo y la ironía pero eso le recuerda a su padre. Por ello evita utilizarlos– aunque se le escape alguna vez.

Trabajar para la Iglesia ha hecho que se forme un perfil de personalidad bastante amplio. Si necesita ser agradable, cariñosa, sexy o morbosa para conseguir información, tranquilo, lo hará. Aunque prefiere sacar la información a puñetazos (suele ser más rápido y dicen la verdad en menos de lo que canta un gallo). En eso consiste todo: obtener información para poder actuar. Algunas personas se muerden mucho la lengua para que no los tomen por locos y sacarles las ideas de sus bonitas cabecitas no es del todo fácil– pero todo depende, hay personas muy simples–.

Soporta el dolor interno durante mucho tiempo hasta que explota. Por favor, no estés cerca ese día, pueden llover piedras. Por ello, si tratas con ella suele ser agradable y amistosa– siempre que no estés en ese día, recuérdalo–.
Puede ser la persona más sensual del mundo si se lo propone. El quit de la cuestión es que se lo proponga.
Es una mujer leal, no es capaz de traicionar a nadie por mezquino que éste sea. No es rencorosa pero nunca olvida– ahora vas y te lo crees–. ¿Buscas alguien en quien confiar? Es la persona adecuada, si le caes bien.
Mujer intelectual y metódica por doctrina. Le gusta leer mientras que no sean sus diarios odiosos. Todo lo que sea independiente a la caza, es bienvenido.

Cree en el bien. Cree que las personas son buenas por naturaleza pero el mundo las corrompe. Siempre intenta encontrar el bien de esas personas– incluso en los seres que caza–. Tiene algún amigo y amiga por ahí siendo un ser sobrenatural y que rebosan más bondad que muchos humanos.


AGRADOS

- Mirar la Luna. La noche en sí misma.
- El hielo. Adora los climas fríos, le recuerda a su hogar.
- Mirar el fuego en una hoguera, chimenea… También observar las brasas.
- La plata. Decid lo que queráis, adora todo lo que sea de plata. Si son joyas o dagas, mejor.
- El verde. Todo lo que sea verde le transmite tranquilidad.
- Las gemas. Si tiene que llevar joyas, las gemas son sus favoritas. Además, la gente espiritual suele decir que tienen cierto poder oculto.
- Su revólver.
- El té verde y las pastitas. ¿A quién no le gusta?
- Los animales, especialmente los pájaros (los cardenales, por su color rojo intenso, le encantan– que no cardenales de iglesia eh, que te veo venir–).
- Los prados, el césped, los árboles, los bosques, la naturaleza (puede ser por ser verde, ¿tú qué crees?)
- Las tormentas, la lluvia, los rayos, la humedad. Todo lo que sea agua (mientras no intentes ahogarla).
- Sentir el Sol en la piel.
- El incienso y las velas.
- La música (clásica, popular…)
- Fumar. Sí, un vicio muy insano. Sólo lo hace de vez en cuando.
- Comer. ¡Dale un muslito de jabalí, hombre! Las frutas sobre todo (uvas, higos, cerezas, vamos, unos gustos económicos).
- Tu cara estampada en la pared. Bueno, eso era una bromita.


DESAGRADOS

- Estar sola las 24 horas del día. Pero recuerda que tiene una escopeta. Yo solo lo digo.
- El machismo. Odia que los hombres sean tan jodidamente machistas. Alguno de los que se le ha soltado la lengua se ha llevado un buen merecido.
- A las personas hipócritas se las merienda. Cuidado, como te descubra caerás en una espiral de vergüenza.
- La injusticia. Cada vez que ve una injusticia le hierve la sangre, aunque sabe que en el mundo las hay día sí y día también.
- La Iglesia. Sí, trabaja para ellos, pero no te imaginas lo que tiene que soportar.
- Como desagrado absurdo: no le gustan las narices. Es una tontería, sí.
- Los borrachos malolientes.
- El calor agobiante.
- Que la gente se hurgue la nariz. Sí, como ves.
- No soporta que la gente no acepte la realidad tal cual es.
- Que la observen durante mucho tiempo. Incomoda.
- El lujo desmesurado. Le parece de otro mundo.
- Que las personas adineradas no den a los más necesitados.
- Estar en lugares cerrados y pequeños durante mucho tiempo.
- El olor del azufre.
- El desprecio.


MIEDOS

- La pérdida de una extremidad. ¿Cómo narices iba a cazar si no? ¿Con la mente? (Oye, eso estaría muy bien). Aunque siendo como es, encontraría la forma de cazar aunque le faltase un brazo.
- Los vampiros. Prefiere no meterse en sus caminos.
- A enamorarse. Puede tener sentimientos fuertes hacia las personas pero enamorarse no está entre sus planes. De hecho, ¿cuándo sabes que lo estás?
- La oscuridad sigue asustándola, sobre todo cuando hay silencio absoluto.


MÁS INFORMACIÓN

- En la historia (al final) está bien explicado pero, en resumen: Tiene sueños en los que una voz le habla y le enseña un acontecimiento futuro (generalmente nefasto). En ella está la opción de impedirlo o no. Su madre solía decir que su Ángel de la Guarda era quien le avisaba de todo. Aumentó el número de éstos cuando comenzó a cazar (piensa que es el objetivo de su vida).
- Nadie sabe que el cuerpo de su padre sigue por ahí con ese demonio dentro ni quiere que lo descubran. Tiene que honrar la memoria de su padre y el bien que hizo al mundo.
- Tiene un tatuaje en la zona del omóplato que evita que los demonios entren en su cuerpo.
- Cree en todos los cultos, que todos son uno al final. Cree en lo que ve todos los días.
- Conócela.


Historia

¿Habéis oído hablar de cazadores felizmente casados? ¿No? Os creo. Jamás lo he visto si no contamos con este caso. Supongo que mi historia comienza ahí.

Soy hija de dos cazadores que se retiraron de su oficio para formar una familia. No me preguntes si a estas alturas de mi vida yo haría lo mismo porque la respuesta es un tanto intensa y larga. Pero antes de comenzar con la mía resumiré pequeños detalles de la vida de mis padres.
Ambos trabajaban para la Iglesia, cristianos católicos no practicantes, supongo que ese dato puede informarte de cómo fueron sus vidas. Se conocieron en un trabajo de cacería, nada novedoso a mi parecer, es bastante lógico que se enamoraran. Mi madre era demasiado hermosa para ser lo que era, además de todo un carácter– mi padre solía decirme que era un calco a ella–. Mi padre era un tipo duro, atractivo y un irónico y sarcástico cabronazo– mi madre estaba segura que yo había salido a él–. ¿A quién demonios había salido yo? Era tan cambiante como el tiempo. Abandonaron su trabajo y fueron perseguidos por los guardias del mismísimo Papa. ¿Por qué? ¿Has trabajado para la Iglesia y salido sano y salvo? Cuando “eliges” trabajar para ellos es un contrato de por vida– probablemente no dures para llegar a la vejez–. Si rompes el contrato, metafóricamente hablando, serás perseguido por una simple razón: sabes demasiado. No obstante, consiguieron esconderse durante años en distintos lugares del mundo y recorrieron medio Imperio ruso. Pero lo consiguieron.

Y así nací yo, hija de dos jodidos maníacos. ¿Por qué maníacos? Porque toda mi infancia se basó en no ser una niña. Estaban empeñados en que en el mundo había miles de amenazas a los que yo debía hacer frente si ellos tenían la genial idea de enfrentarse a mí. Por ello debía ser extraordinaria. No puedes imaginar lo que odiaba aquello. No por lo que imaginas, los esfuerzos físicos me encantaban, había otra cosa que no me gustaba tanto. Ponían delante de mis narices libros y diarios propios para que me los aprendiera. “¿Cómo matas a esta horripilante cosa?”, “¿Qué debes hacer si te ocurre esto si tienes delante a este espécimen?” Me gustaría decir que no me llevaba unas cuantas zurras pero… Era tan sumamente orgullosa que, a veces, ni contestaba. No porque no supiera la respuesta, solamente estaba hasta los mismísimos… Ya me entiendes.

Todo esfuerzo tiene sus frutos. Sabía todo lo que mis padres sabían. Sabía todo lo que mis padres podían hacer. Pero no iba a ser como ellos fueron hacía años. No. Toda aquella mierda sólo era un “por si acaso”. ¡Que les llevasen mil demonios! Bueno… no hablemos tan rápido que por eso debería cortarme la lengua.
Nos encontraron. ¿La Iglesia? No, por favor, esos inútiles no encontrarían ni a un ciervo herido en medio de… Vale, de acuerdo. ¿Quién? Demonios. Malditos, abominables, y asquerosos engendros del Hades. Tenía entonces 12 años. No se dedicaron a matar a mis padres delante de mis narices, lo cual habría sido cruel– divertido para ellos–, buscaban un destino peor para ellos. Para un cazador, o ex-cazador, la muerte sólo era una certeza y la esperan con los brazos abiertos– conviven con ello todos los días–. Aquellos demonios pretendían entrar en sus cuerpos y hacer que sufrieran con cada divertimento, para ellos, por supuesto; ¿quién se divierte cogiendo gatitos y lanzándolos contra la pared para que quedasen aplastados?, no preguntes, hay mucho demonio enfermo suelto. Yo lo estaba viendo todo atada a una silla. Todavía no era el plato principal. Querían matarme una vez estuvieran dentro de ellos.

Recuerdo la escena como si fuera ayer:
Mis padres estaban llenos de cortes y magulladuras por los golpes recibidos. Los demonios se ríen, se burlan, los golpean una y otra vez. Sus esencias salen de sus cuerpos para entrar en los de ellos. Los recipientes que habían usado se encuentran con el suelo con poca vida. Mi madre mira a mi padre pronunciando una palabra sin emitir sonido alguno. Siempre quedará en mi cabeza: “Mátame”. Y mi padre lo hizo. No se lo pensó dos veces. Lo haría todo por ella. No dejaría que su mujer estuviera atrapada en su cuerpo a causa de un ser tan corrupto e indeseable. Cogió un revólver en la ventaja que les había dado que salieran de los cuerpos y disparó. No fue bonito ni quiero recordar cómo me sentí, no es ese el tema. ¿Qué sentido tenía entonces que el demonio se metiera en su cuerpo? Ninguno. Su alma, espíritu o como queráis llamarlo ya había pasado al otro lado. No estaría encerrada viendo cómo el demonio mata a su hija con sus propias manos. Pero mi padre no tuvo la misma suerte. El demonio se introdujo en su cuerpo, encerrando su psique en lo más profundo, dejando que fuera un mero observador. Yo miraba a todos lados para poder escabullirme mientras repetía en mi cabeza una y mil veces qué debía hacer contra un demonio. Nos habían pillado desprevenidos, ¿cuántos demonios rompen la puerta de tu casa y empiezan a golpearte sin dejar que te muevas? Bueno, no te hagas la pregunta. El mundo es un misterio y los demonios unos hijos de puta de cuidado. Nunca sabes lo que te puedes esperar, sólo has de saber algo: tienes que estar preparado. Y no lo estábamos. Veía los ojos de mi padre clavados en mi persona, ahora completamente negros. Mi orgullo no me permitía agachar la cabeza y suplicar por mi vida. Mis ojos estaban clavados en los suyos, retándole. “¿Qué tal si me desatas y te enfrentas a mí como un hombre? ¿Qué satisfacción tiene matar a alguien atado e indefenso? No tiene mérito alguno.” “No, no lo tiene, ¿acaso importa?” Una risa que hizo que recordara a mi padre. Sentí la bilis subir por mi garganta del odio que me inundó. Cogió una navaja, se acercó a mí y se agachó para ponerse a mi altura. Pasó la hoja de la navaja por mi cuello, no fui capaz de cerrar mis ojos para evitar ver a la muerte tan cerca, estaban clavados en los suyos. No sé cómo ocurrió ni cómo mi padre tuvo fuerzas para controlar al demonio pero lo hizo antes de que me matara. “Corre, vete, no vuelvas, sálvate, sabes cómo sobrevivir.” Dijo mientras eliminaba mis ataduras. Le miré con pena sin poder remediarlo. “¡Corre! No podré controlarlo para siempre.” Y lo hice. Como alma lleva el Diablo– qué ironía–. No miré atrás. Solo corrí. No sé cuánto pudo controlarle pero lo agradecí con todo mi corazón. No me siguió, no me encontró– o no quiso entrar a la Iglesia, quizás le daba alergia–.

Y ahí comenzó mi vida como cazadora. Un resumen muy resumido: fui a la Iglesia, averiguaron quién era, me dieron la opción de trabajar para El Vaticano porque, como dije antes, era extraordinaria– no te molestes por los pequeños momentos de egocentrismo que me envuelven–. Y acepté. ¿Qué iba a hacer si no? ¿Casarme, tener hijos, esperar mi muerte por estar desprotegida como pasó con mis padres? No iba a correr el riesgo.

Hasta hoy. Espero que hayas disfrutado el momento en el que mi alma se ha desnudado, no te lo tomes al pie de la letra. No se me olvida nada me parec… ¡Oye! ¿He contado que de pequeña mis padres creían que estaba endemoniada? Maldita sea, no, se me ha olvidado. Tiene gracia. Al principio dijeron que era un demonio que me tenía atrapada, después mi madre aseguraba y juraba que era un ángel de la guardia. ¿De qué estoy hablando? Cuando era pequeña escuchaba una voz que me hablaba, en muy contadas ocasiones. La primera vez que me pasó tenía 7 años. Aún recuerdo las palabras exactas: “Vives en un lugar infestado de maldad. Pronto descubriréis esa maldad y será demasiado tarde. Actuad.” Imagina la cara de mis padres cuando se lo conté. No solo me tomaron por loca, intentaron exorcizarme– recordar aquel día aún me saca alguna carcajada–. Y aquella voz tenía razón. Un ser que vivía como humano pero que tenía poco de humano comenzó a matar a los niños. En ese momento me miraron y creyeron que era un Don Divino. Yo digo que es una auténtica putada. Antes sólo era una voz, ahora son sueños. Muy continuos. Rara vez puedo descansar todo lo que debería. Creo, y solo creo, que aumentaron cuando comencé las cacerías. Algo en mi interior me dice que es una “ayudita”. Una gitana me dijo que tenía el Don de la Premonición. Qué quieres que te diga, prefiero pensar lo del ángel.

No debes saber más, de momento. Estoy llena de secretos y prefiero seguir estándolo.


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Re: Katrina Volkova

Mensaje por G. Dominique Mérimée el Sáb 6 Sep - 18:05

Ficha Aceptada
¡BIENVENIDA!

:O: : ¡Qué mujer! ¡No necesita armas, se vale con sus propios puños! Katrina versus Demonios.
Un tempano de hielo ¡Señores!
***
¡Puedes proseguir con los registros!

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