Antonio Fernández

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Antonio Fernández

Mensaje por Antonio Fernández el Lun 20 Oct - 4:50


   

   
Mortal ❧ Pirata, ladrón y estafador ❧ Proletariado
Antonio Fernández Carriedo, 35 años, España


   
Historia

   ¡Mi pasado!... ¡Mi pasado!... ¡Mi pasado! ... ¡Mi pasado!... ¡Mi pasado...

Vale, podría estar horas gritando “mi pasado”, y de nada serviría para que dejes de preguntar. ¿Qué cojones me das?, ¿me quieres sobornar con monedas? Eso no te servirá campeón, mi boca estará sellada. ¡Prefiero que me corten la lengua!, ¡espera no!, mi lengua no. La necesito para beber —y besar—. ¿No quieres que te cuente mejor la vida de una mosca? Había una vez, una mosca llamada Pedro Ramírez, una valiente y seductora mosca que volaba las ciudades de Ezzzzpaña y jodía rudamente a las personas con su caca diminuta. ¿No?, ¿aún no te convence? ¡Vamos!, si soy el mejor cuenta cuentos por todo lo alto de Aragón con el que te puedas topar. De acuerdo, me obligas a acudir al plan B… si tuviera plan B. Que os den, listillos, dadme ron, es lo mejor que pueden hacer. Empezaré. Algún día. ¿En serio quieres oír?, porque es larga, ¡a lo mejor invento!

Pero si insistes con mucho gusto y fina voluntad te contaré el inicio de todo. Agarra tus pantalones chamaco, y toma una botella de ron, esto será tan largo que se te rajará el culo. Antes ve al baño, así no te meas en la mitad del relato. Muévete, shu, shu.

Capítulo uno:
Génesis.
 
Traslademos ésta historia 35 años atrás… ¿Quién era Jayah Carriedo? Fue una mujer que, a pesar de tener raíces húngaras, estaba muy españolizada según le reprochaban algunos ya que, sentía gran atracción y cariño por las ciudades españolas. Familias gitanas se habían asentando en el mundo de las corridas de toro y el flamenco apasionante tiempo atrás, dando así, fruto de una relación nupcial a una hermosa bebé de ojos verdes, cabellos azabaches y piel tostada, futura madre de ésta guapura que vez. Sólo que, siempre hubo grandes discriminaciones hacía el pueblo gitano. Es traumático que te apunten con el dedo y que griten cada vez que te ven: “Miren, es el gitano, ay sí, ay sí, me va a embrujar”, precisamente con ésas vocillas insoportables de nenazas, cof cof putos cof cof.

Mi padre por otro lado, es un descendiente de puros bandoleros portugueses. Porque mi tátara tatarabuelo, mi tatarabuelo, mi bisabuelo y el padre del padre de mi padre, fueron piratas. Se hubieran apellidado “Banderas”, ya sabes, por la bandera del barco y hoy por hoy yo llamarme: “Antonio Banderas”. ¿A que no es chulo? Por desgracia, mi apellido es Fernández pero tampoco está nada mal, eh. Lamentablemente el trabajo de pirata escasea hoy día, pero podemos saber que existen aún, escapando y escondiéndose como ratas escurridizas apenas sentir que les huelen el trasero.

Pues bien, ambos estaban en España. Él procuraba escapar de las garras de los soldados de la marina; corriendo, sudando y sacando la lengua como perro encelado por el infernal calor. ¿Te dije que era verano? Sintió el hechizo del amor y el encanto de la linda gitana al esconderse entre la multitud, viendo aquellas espectaculares danzas y lecturas de mano que se hacían en las calles más pobres, los colores y la música, una fiesta que se jactaba por doquier. Pero él no era de fiar, no, quería mujeres exóticas como aquellas que sus ojos contemplaban… Sin embargo, una de ellas lo cautivó por completo. Hilando y tejiendo envolturas invisibles que sedujeron al portugués sin querer. A su boca fue algo como: “Tu madre tenía un buen culo y un par de buenas tetas cuando la conocí… Tenía.” Yo sólo decoro las palabras, ¿entiendes? Porque son un arma filosa, y el carisma va de la mano con el encanto. Me valgo de eso, primor.

Ésta historia de amor no es la más “romántica” y cuando un hombre descubre un diamante, se vuelve el ser más ambicioso… Imagina un pirata como se pone. Excitado y apunto de reventar como un macho en época de celo. Primero, la obligó a que fuera con él, a navegar los mares, lejos de su morada y distante de su tierra natal. Ella no quería, tenía miedo. Y entre forcejeos y luchas, acabó violándola, cruel, sin piedad, ¡trágico! La luna, miraba siendo testigo de cómo una semilla iba siendo implantada en su cuerpo. Se manchó. Era blanco, era pureza. Y como si fuera una fruta sagrada, le hincaron el diente sin permiso.
¿Cómo es que eso no le dejaron traumas?, los tuvo, pero fueron desvaneciéndose con el pasar de los años. Claro, siempre le pegaba con una escoba cada vez que volvía borracho, realizaban un tremendo espectáculo cirquense mientras René (el nombre de mi viejo), hacía las monerías. Prefiero contarte los detalles suaves, me daría nauseas si lo contara tal cual, a mí me lo dijeron crudamente, ni siquiera pude tragármelo y era peor que imaginarse a un caballo defecando. ¿Para que mierda pregunté? El te pongo y saco, te pongo y saco, no fue lo más prometedor. Me arrepiento de haberlo escuchado… ¡Tenía 6 años! A ésa edad me comía los mocos.

Capítulo dos:
Inocencia interrumpida

¿Aún no estás satisfecho?, te conté como se conocieron mis padres. ¿Qué dices?, ¿qué conté ésas cosas para evadir mi vida? Deberías dejar de beber, porque ya te hace alucinar. Mi nombre completo es Juan Antonio Fernández Carriedo, criado en un pueblo de Aragón, y dándonos una vida de nómadas para no perder las costumbres. No lo divulgues mi nombre por ahí, por favor, aunque medio pueblo lo sabe de forma completa, ya sabes, las madres a todo pulmón y alma cuando se enojan se les escapa. ¿Nunca cometiste una travesura de niño?, yo las he cometido e incontables veces escuchar mi nombre hasta dejar a mi vieja afónica. ¡Pero no he de adelantarme!

Concebido el día 15 de marzo de 1838. Un bebé sano y sin ninguna clase de complicación en el parto. El orgullo de mi padre. De mi madre no, reclamaba que tenía sus mismos modismos y también me pegaba con la escoba… para enderezarme, —decía—; pero, yo en algún momento me quedaba jorobado. De ahí que le agarré una incurable fobia a ése objeto maldito de bruja. Siendo un pequeño crío, tuve una brillante e inocente visión del mundo y acababa recibiendo una hostia de mi padre que ni te cuento, sumando unas bofetadas mientras decía unos insultos portugueses cerradas e incomprensibles. “El mundo es una gran bolsa de mierda, cuanto más cagan, peor huele. Por eso no confíes en nadie”, y así era mi educación. Pese a que ninguno fue a la escuela, no eran incultos. Pobres más no incultos. Mi progenitor cuando arribaba a casa me enseñaba su vida de pirata, ilustrándome un poco cada día y cultivando a su próximo legado.  

“¿Y heredaré tu barco?”, pregunté.

“No seas gilipollas, tendrás que ganarte el tuyo”, respondió. Al menos con preguntar no perdía nada.

Me enseñó a pelear con espada, de muchos modos y formas en mi niñez, a robar y mentir. Es cierto que los mayores tesoros son los intangibles, mais (más, es una jerga portuguesa, coño) yo también fui un niño lleno de sueños y esperanzas, ilusiones que en otros niños de mi bajo estatus le parecían ridículas e imposibles. Burlándose, desmeritando y desalentando a no alcanzarlas. Siempre soñé con verme en una mansión millonaria, rodeado de placeres sencillos y detallistas, supliendo cada capricho que nunca antes pude cumplir. Incluso pensé en convertirme en algo más no obstante, la vida pirata es tan sucia y tentadora que no me pude resistir. Aventuras, emociones, adrenalina y tesoros. Son las imágenes que mi padre vendía, tan dulce como salada, el perfecto condimento.

Pero él no fue el único que me inculcaba, tener una madre gitana tiene tantas ventajas como desventajas… Asistir a caravanas e intentar perderse en las faldas de algunas es una mala idea, después tienes que casarte con ellas, y si no eres gitano, te llaman "payo". Bailan y cantan, les encanta, también tocar la guitarra en fogatas, bajo la luz de la madre plateada. Tantos simbolismos, y sus métodos de adivinación con la cartas... Debes verlo. De ellos aprendí lo suficiente para ver un lado dierente de vosotros. A su vez, la señora Fernández amenazó con sus: “Sí no te comes toda ésta basura te echaré una maldición”, “Sí no te acuestas temprano, te echaré una maldición”, “Sí te portas mal… Te echaré una maldición”, ¡vale cabrona!, pero que no se me ocurriera contestarle, sino me pegaba con una de ésas cabezas encogidas que te ponen los pelos de punta, o con el pollo descuartizado, no sé cual fue peor. Yo me pregunto como no le echó una a mi padre cuando la violó, ella dijo que lo hizo, no más que no surtió efecto porque su cerebro ya estaba fusilado, ¿captas? Demente, loco, psicópata... De allí que heredé alguna tuerca floja.

Capítulo tres:
Círculos infernales.

Esperaba que en éste punto ya estuvieras roncando, ¿en serio no tienes sueño? Prosigamos: Mis primeros intentos de robo fueron un desastre, aunque al menos podía disfrutar una buena manzana mientras me tenían colgado a un árbol, de una pata. Cuando cumplí escasos 15 años, estuve decidido a salir del nido. Así que sin más preámbulos me aventuré a un pequeño viaje de iniciación con René (el nombre de mi viejo... ¿Deja vú?). Mejoré dentro del barco mi puntería, usando botellas vacías de vino, y usé el balance a próposito a pesar que fallaba muchas veces hasta ir, mejorando poco a poco. En su momento se me escapó una bala a la pierna de "El cojo Suaréz". Terminar cojo en las dos patas, no le hizo puta gracia, y sugiero que jamás se rían de uno, tiene sentimientos.

Los años allí eran atroces, mis ojos contemplaban un mundo crudo y violento, olía a sangre y rebelión. Mi mente hizo un “clic”, rompiendo un molde de barro, abriendo puertas y tirando muros de ladrillos. La madurez tenía que abrirse paso con urgencia, o terminaba con una bala en el ano. Me llamaban “grumete”, y no de forma cariñosa, sino con burla, sarna y malicia propia de hombres que han visto más que una entrepierna femenina. Conocí lo que era el mundo en verdad y la vida complicada de muchos. No creí que existieran más miserables que yo.

Por desgracia, llegó el momento que a todo pirata no le gustaría que le tocase, y no son los cojones; Hablo de la guillotina, momento en que la vida de un hombre honrado caminaba sobre el taburete, sabiendo que su sentencia daría fin a su vida, una jugosa de experiencias que apenas sus descendientes contarían en generación en generación de forma oral. No lo escriben en hojas por lerdos y analfabestias, de seguro ganan unas cuantas monedas con los libros. No es el caso. Los ojos de un hijo oculto entre sombras mientras siente que cortarán un lazo estrecho y espiritual, algo que haría retorcer su alma, quemarla y estrujarla suciamente hasta que se vuelva arrugado. La traición es como sentir el cuchillo atravesar tus extremidades, así lo entendí cuando los ojos de René, echaron un vistazo por última vez al lame botas LeBlanc. De ése francés maricón nunca me fié. Lo entregó para alzarse como nuevo capitán, y quedarse con todo, igual a una piruja envidiosa. Su ejecución se dio en Reino Unido, los británicos no se andan con juegos y lo buscaban desde hace tiempo. Rememoren la guerra contra Los Jacobitas y sabrán de qué hablo.

Sus últimas palabras fueron precisas e inciertas: “He escondido toda mi fortuna en los avernos del infierno, a ver quién lo obtiene primero, cojonudos”

Entonces, yo pensé: “Tenía una fortuna guardada, ¿por qué carajo no nos compró una casa más decente a mamá y a mí?” Enigmas y misterios que fueron plantados en todos los presentes, se oyeron murmullos, le siguieron los gritos de estupor al bajar la cuchilla y después un ritual imborrable como lo es, ejecutar. “Los hijos entierran a sus padres y no al revés”, los llantos de mi madre —que curaban hasta el mal de ojo de un bebé— eran peor que sus quejas, hinchada de tanto lagrimear y llamando a los hombres formados: bestias. La tuve que llevar de los pelos a nuestro intento de casa —choza india podría ser un perfecto término— antes que le corten el cuello también, la estúpida casi nos hace matar y me tuve que  "cargar" a más de un soldado para huir.

Nunca entendí porque los verdugos se tapan la cara, a lo mejor por ser feos y tanta fealdad nos haría vomitar, —bien hacen—. Por otra parte, nunca busqué venganza por su muerte, porque me aconsejó que buscarla es volverse un enfermo obsesivo. La busqué realmente, cuando el francesito me tocaba las narices acosándome con sus interrogatorios a lo Scotland Yard. ¿Ven que es un muerde almohadas? Pero al hecho y al asunto, quería saber donde se ocultaban las pertenencias de mi padre. Contaban rumores que había algo mágico en una isla aparentemente llena de muerte y destrucción que nos daría, poder y fortuna. Si mi madre no me hubiera lavado el cerebro con sus supersticiones, seguramente sería el primero en ir.  Hubo comepetencia entonces, llevando a más de un conflicto y nunca poder encontrar la isla.   

Capítulo cuatro:
A pirate's life for me

Créanme, jamás intenten robarle a una anciana alemana si no quieren pasar una mala racha, ¿o buena?, no sé que decir al respecto. El clima se te antojará gramatical y propiamente dicho como una violación. O algo parecido. Imaginen esto, te cargas a la vieja un rato para distraerla en plan: a ésta tipa le quito todas las joyas que lleva, y en un momento inesperado que tacha a lo ridículo como absurdo, te comienza a mamar las partes nobles, ¡y te regala un anillo! ¿Qué puede ser más extraño que esto? Después descubro que tiene una nieta cuando nos pilló desprevenidos, y se nos unió en un acto de trío. Sí lo sé, es inquietante y excitante, si hay alcohol de por medio.

Desirée se llamaba, tenía tuberculosis. Se estaba muriendo. La enfermedad avanzaba a pasos demenciales, al igual que apenas contaba con diecisiete primaveras, relativamente joven. A mí me hacía suspirar, su cabello dorado, vivo y cegador, recuerdo que nos llevabamos unos ocho años de diferencia. Y su cabellera olía al amanecer, enfrascado en una maraña rubia. Pechos redondos, suaves y unas curvas que eran un deleite para las manos. Jugando incontables veces con su culito. Lástima que poco a poco, marchitaba y se ponía frágil. Le había hecho un gran favor a la prostituta, conocer el significado del amor... Aunque haya sido uno retorcido por su parte, fue lo único feliz que realmente sintió por alguien pese a que algún día se iba a disolver y volver, en simple polvo.

El último momento que tuvimos, fue al llevarla conmigo a una aventura épica, lastimosamente recibió una puñalada en el riñón izquierdo, frío y preciso al salir airosos de una persecución de hombres que corrían detrás de nosotros como primitivos enrabiados. ¡Adivinen quién es!, les doy unos segundos… ¡El lame botas de LeBlanc! Tardaron mucho, lo siento, no me aguanté. Interponiéndose, estando allí como una verruga peluda. Seguramente los celos se poseyeron de él al punto de cegarlo y destruir a una pobre niña. ¿Con qué punto?, que pensaba que yo le pertenecía el muy descarriado y eunuco. Repugnancia y asco da. Yo soy un hombre con códigos y honores, no me mancho las manos por ensuciarlas pero él buscaba que le rompieran la jeta con su palabrería,  también que le den por detrás. Lo peor es que más de una vez me hizo dudar de mi hombría. En serio, tiene un problema grave el francés. Ambicioso, traicionero y que escupe chorradas de ideas con la intención de conquistar “le mundo” al igual que Napoleón. Esperen. ¡Ése soy yo!

Igualmente, la sabandija rastrera había escapado y no supe más de él. Estoy casi seguro que me sigue las huellas en pos de aún saber donde está el presunto tesoro. Nadie lo sabe exactamente y estudiar el diario de René no es muy sencillo, pues mantiene un código.

Esto se está haciendo más largo que la misma Biblia, me compadezco de ti que tienes que escuchar, ¿aún no te sangran los oídos, por curiosidad? Un resumen te haré por tres barriles de ron a cambio. ¿Trato?

Viajé a las Indias, a China y Malasia. A tierras americanas con la intención de reclutar piratas. A África, de casualidad me topé con un sacerdote que me dio un amuleto de protección que me hace menos propenso a los daños. Secuestré. Incendié, quemé y exploté bancos, incluyendo las acusaciones en algunas partes al haber estado involucrado en un rescate de esclavos en el Pacífico, raptando la flota completa.
Me han llamado anarquista, os corregí, soy pirata, ¿qué no se dieron cuenta de las pintas? Aprendí a tocar la guitarra entre otras cosas gracias a un compinche portugués que instruía a niños huérfanos —se trataba de mi tío, a pesar de decir a ratos que lo conocía de algún lado—, hoy día ya nadie puede pararme, soy la envidia de los músicos. Saqueé una mina en plena obra, y os juro, habían explosivos que a veces me ponían en un estado catatónico. Casi cortan mi cabeza una vez, casi.
Le robé a un arqueólogo que partía a Egipto un anillo con un ópalo incrustado; estafé en juegos de azar a dos nobles,  y casi me come un hombre perro en Buenos Aires, ¿o era hombre oso?, con la oscuridad no pude asimilarlo. Una chica lo hizo saco de papas al reventarlo a balazos al salvarme. Creo que lo hizo alfombra y cuelga su cabeza como trofeo en el salón de su casa. Congenié muy bien con ella realmente,  enseñándome una vida tanguera y "gaucha", hasta algunos acentos se me han pega'o y me ha revelado un mundo sobrenatural, aunque me hice el sorprendido y el novato, no quería decepcionarla y decirle que ya he visto mosquitos chupasangre, perros pulgosos en dos patas, haditas de luz y otras criaturas en mis viajes. Lo más destacables sin duda, la exagerada inmigración europea al país argentino.

Después al conseguir mi barco, mi propio barco hace siete años, pude dejar de meterme de polizón en otros. Llevando cargamento y contrabandeando opio. ¿Te digo una cosa?, hacerse pasar por pirata enclenque, no fue difícil. Mi nuevo destino es París, una vez  haber cerrado negocios con un criminal en una corrida de toros en México (sí me lo preguntan, me hice pasar por torero). No es la primera vez que piso la ciudad parisina, simplemente no lo conté para dar sensación de que sí. Por cierto, mira tus bolsillos, te he robado quillo.

Extras:
Porque los que son extras también cuentan en una obra. Como La Mujer número dos, El peón número cinco y el mercader que grita: ¡Tomate, tomate!... Tómate de mi mano, amore mío.

El Cupido. El hijo de Afrodita.
Si hablará de El Cupido, es como si hablará de un hijo. El guapo del mar, mi niño siempre será el más hermoso. Pues, te imaginarás que el barco ya es parte de mí. Pero partamos del nombre, ¿por qué se llama así?

Ted Fullbuster, un mujeriego pirata que tenía como manía secuestrar mujeres, fue el primer capitán de El Cupido. Tenía un ingeniero como segundo al mando, y ambos fueron los que diseñaron la estructura del barco. Ninguno al principio se puso de acuerdo con los nombres que los dos querían, además que debía ser acertado. La madera fue obtenida en el Caribe, y por supuesto, habían hecho muchos trueques para que la construcción y el diseño vayan acorde a lo planeado.

De maderas nativas para el barco en general, se ha usado roble para la quilla, las cuadernas y  pino para los mástiles. Con un total de tres palos, siendo equipado con 32 cañones en ambas bandas, un armamento que es primordial para defendernos.  Las velas son totalmente negras, eso se debe a un error por parte del capitán al intentar elegir el color puesto que, era daltónico. Su proceso duró muchos meses y la pintura en general fue de ocre oscura, dándole esa característica gótica al barco. Incluyendo a parte, el camarote del capitán y más abajo, los camarotes de los piratas. Los baños, se hicieron mixtos porque el capitán era todo un pillo. Una Santa Bárbara, donde irían guardadas las municiones, y una bodega de comestibles y bebidas; un cuarto de prisioneros, en caso que hayan polizones; 2 cubiertas en la que la primera de todas, es mucho más fácil desplazarse. El castillo de popa ha sido tallado con figuras tribales y en la proa, hay una imagen de Eros o Cupido. Incluso se dice que éste navío tiene características de un galeón. Por lo que el primer capitán quizás haya descendido de familia española.

Sin embargo, en el último paso para bautizarlo, él solo pudo decir unas frases que lo inspiraron en el momento:

”Mira eso Jeffy, ¿no se parece a mi?, carismático y pícaro, será travieso cuando zarpe… Digno de estar en mar por su apariencia rebelde. ¿Quién en su sano juicio usaría velas rojas?”, pregunta con entusiasmo pero su mano derecha no parece sentirla.

“Son velas negras, Capitán”

“¿No son rojas?, ¡Yo quería que fueran rojas!, ¡como el amor!... Espera, ¡eso es!, Amor... ”


Así pichones, un alo de inspiración penetró el alma de aquél hombre daltónico. Lástima que se lo robé cuando le dio los últimos retoques.

La bandera nos representa; es un símbolo que nunca nos falta porque, ¿dónde has visto tú que un pirata no tenga bandera en su barco?, y si cambiarán los tiempos yo seguiría teniendo a muerte la bandera que representa lo que soy, ¡y lo digo con orgullo si es necesario! Su color negro principalmente, con una calavera, un corazón y una daga, es todo lo que es el significado en sí de lo que somos en esta tripulación. Solo izaría la bandera cuando atacamos por supuesto, no sería tan suicida en quedar en descubierto para que los marinos nos comiencen a atacar, savvy?

Entre mis tripulantes se encuentran: Humberto De Las Flores, Frida (la de los dientes torcidos), Carlos Jr (ése tipo que se la pasa lamiendo el piso), Kirby el Cangrejo, Mee (dice solamente Mee), Lazarillo Martínez, Chaw Chaw (no se llama así, no me acuerdo el nombre), El tuerto; Marvín Marvín, El Pícaro, Cara pálida y él chamaco de la esquina que es tan pequeño que lo pisas.

Pensar en tantos nombres me calcinó la mente. Ahora dadme ron, se me seca la garganta. ¡Ah!, tengo tantas mezclas de idioma encima, que ya no sé que idioma hablo. Seguramente en el Antoniés/Antoniense
   

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Re: Antonio Fernández

Mensaje por G. Dominique Mérimée el Lun 20 Oct - 17:14

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¡Guau! Menudo pirrrata, qué completa la ficha. Muy interesante, sí señor. Lo de Antonio Banderas habría molado jajajaja
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