Betina

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Betina

Mensaje por Betina el Mar 23 Dic - 15:32



Licántropo ❧ Auténtico ❧ Empleada doméstica ❧ Proletariado
Betina, Casi 17 años, Barbados

Personalidad

Betina es una mujer ignorante, casi salvaje. Cuando su "amo" la encontró apenas había aprendido a hablar y nadie se había molestado en educarla e instruirla. Por suerte, contaba con una memoria prodigiosa que le había permitido aprender lo poco que sabe simplemente por observación e imitación. Dado al estado que la encontró, resulta casi un logro que haya aprendido a entender el inglés, aunque apenas lo habla. Y lo poco que habla lo hace en una variante criolla del inglés muy distorsionada. Ha aprendido a escribir su nombre y sabe diferenciar las letras y los números. El siguiente paso es enseñarla a leer.

Su actitud es más propia de un animalillo asustado o de una niña pequeña que de una mujer. Es asustadiza, huidiza y silenciosa, como si temiera llamar demasiado la atención. Siempre se comporta de forma servicial, obediente y complaciente. Una trabajadora infatigable que aprende con facilidad. Cuando se siente a salvo y segura, es una chiquilla curiosa que muestra avidez por aprender y comprender lo que sucede a su alrededor. Se fascina con facilidad y ve el mundo con ojos de niño, como si aún lo estuviera descubriendo. Posee un carácter inocente y puro, y agradece enormemente cualquier gesto o detalle que se tenga con ella.

Le aterroriza su propia naturaleza, pues no la entiende ni la controla. Desde que tiene uso de razón, ha estado intentando reprimir lo que es, ya que siempre lo ha considerado algo "diabólico" y "monstruoso". Una especie de maldición. Ese intento por reprimir la licantropía lo único que consigue es que, cuando pierde el control de sus emociones, pierda también el control sobre su transformación y lo que ocurre cuando se convierte en la bestia. Precisamente por esa represión se muestra siempre reticente a relacionarse con otras personas que no sea su señor, pues tiene miedo a hacerles daño. Además, sus transformaciones son especialmente dolorosas, quizá porque no deja de lucha contra si misma.

Su señor es un amante de la cultura indígena, por lo que siempre la viste con ropas y ornamentos que recuerdan a las tribus caribeñas de las que ella procede, a "sus raíces", aunque ella no se identifica con ello. Lleva siempre un collar ancho de plata ajustado al cuello que su señor mandó confeccionar ex profeso para ella. Ese collar sirve para evitar que se transforme, ya que es demasiado estrecho para el cuello de la bestia y el metal precioso la debilita, forzándola a volver a la forma humana. para Betina es su tesoro más preciado.
Historia

"Monstruo". Esa es la primera palabra que recuerda y la primera palabra que aprendió a pronunciar. Nació en Barbados, el 14 de marzo de 1857. Hija de un esclavo que trabajaba en las plantaciones de azúcar británicas y que fue liberado con la ley abolicionista de 1834. Su madre era una indígena caribeña que trabajaba como criada en la casa de un señor en la que su padre fue contratado para trabajar en la tierra, ya como liberto. Su madre murió al darla a luz prematuramente. El líquido amniótico estaba negro, la niña nació morada y las matronas dijeron que junto al bebé, la madre había expulsado lo que parecían ser bolas de pelo.

Nadie daba una moneda por la supervivencia del bebé. Era débil y había nacido con un peso muy por debajo de lo normal, pero con las atenciones de las otras criadas que vivían en la casa grande, logró salir para adelante. Cuando sólo tenía dos años, el señor de la casa murió y sus herederos vendieron la finca para repartirse las ganancias. El nuevo señor no mantuvo a nadie del antiguo servicio y Betina se marchó con su padre. Su padre entró a trabajar en la finca de otro señor, esta vez como capataz y tenían una pequeña casita propia en los terrenos. El padre de Betina nunca le tuvo el más mínimo aprecio, pero la gota que colmó el vaso fue, cuando la niña tenía tres años y fue testigo de su transformación.

Betina terminó de crecer encerrada en el sótano de la casa, escondida a ojos de todo el mundo, encadenada a la pared por los tobillos con una cadena lo suficientemente larga para permitirle moverse por la pequeña habitación e incluso salir al patio dónde tenían un pequeño aseo. También era lo suficientemente fuerte para contenerla si se transformaba. Su padre le practicaba exorcismos caseros, le hacía beber brebajes que le preparaban curanderas y brujas indígenas, la mayoría de los cuales la ponían enferma durante días, la sometía a rituales cada vez más descabellados que descubría de esta u otra fuente o le recitaba pasajes enteros de la Biblia.

La niña creció sintiéndose un monstruo, sin conocer a nadie más que a su padre y, como mucho, a algún oportunista que se las daba de brujo o de chamán y fingía que podía ayudarla. Torturas, castigos, pócimas, amuletos... Cortarle el cabello, hacerla andar sobre brasas con varitas de incienso encendidas en cada mano, poner emplastos de hierbas y excrementos bajo su cama, conjuros, oraciones... Nada conseguía librarla del "demonio" que había tomado su cuerpo. Nada. Lo único que lograban era que, al transformarse, se volviera más y más agresiva y acabara por hacer daño a las personas que estaban cerca.

Un día, cuando sólo tenía doce años, Betina arrancó la cadena de la argolla en una de las transformaciones, atacó a su padre y consiguió escapar al inmenso bosque que rodeaba las tierras del señor para el que trabajaban. El lobo pasó cuatro días azotando los ganados cercanos. Cuando la última noche asesinó a un pastor, todo el pueblo decidió hacer una cacería para acabar con el animal. Su padre no dijo que, en realidad, era a su hija a la que perseguían con antorchas y tridentes. Un rico terrateniente inglés fue el que logró cercar al animal y perseguirlo hasta acorralarlo en el bosque.

La sorpresa de aquel señor fue mayúscula cuando, al disparar a la bestia, esta se transformó en una niña desnuda y asustada. Consiguió sobreponerse al miedo y bajó del caballo para socorrerla, pero la herida que el disparo le había provocado prácticamente fue cerrando ante sus ojos cuando la tomó en brazos para sacarla del bosque. Cuando regresó al pueblo, guardó su secreto y dijo que el lobo había escapado y que casi mataba a aquella muchacha.

Su padre volvió a hacerse cargo de ella pero, a las dos semanas, el lord inglés fue a interesarse por cómo se encontraba la niña. Al descubrirla encadenada, en aquella ocasión de pies y manos, casi sin comer y deshidratada; decidió tomar cartas en el asunto. Se la compró a su padre, que se la vendió por menos precio por el que hubiera vendido una oveja, cualquier cosa con tal de deshacerse de ella.

Aquel señor era un hombre excéntrico, de gustos extravagantes y extrañas inquietudes. Disfrutaba con las rarezas de la naturaleza, sentía fascinación por otras culturas y adoraba viajar. Había aprendido a hablar idiomas extraños, coleccionaba animales exóticos y recuerdos de las tribus indígenas y poseía una colección privada sobre anomalías naturales entre las que se encontraban los cuerpos disecados de distintos animales con extrañas malformaciones: Perros con dos cabezas, una lagartija con varias colas, una oveja con seis patas, extrañas especies cruzadas...

Aquella niña era la pieza más valiosa de su colección.

Pero nunca la trató como un objeto o un trofeo, ni tampoco como a una esclava. Cuidó de ella, la vistió, la alimentó y le dio una bonita habitación propia con luz, una cama de verdad y todo aquello que pudiera necesitar y, lo que es más importante, libertad para moverse por donde quisiera. Si su padre le puso un nombre alguna vez, eso es algo que nunca llegaron a saber, por lo que también le dio un nombre: Betina.

Al principio, la niña se pasaba los día enteros encerrada en la habitación y escondida bajo la cama. Si el señor o alguna de las criadas trataba de acercarse a ella, respondía de forma agresiva, como un animal acorralado. Poco a poco fue acostumbrándose al sitio y atreviéndose a salir. Dejó que la lavaran, la peinaran y la vistieran y, cuando se sintió lo suficientemente cómoda para moverse por la casa y segura con el personal, le fueron encomendando tareas domésticas que realizar.

Betina era hacendosa y aprendía con facilidad. El señor pasaba las tardes junto a ella, enseñándole los terrenos, instruyéndola lo mejor que podía, con fotografías o con dibujos, diciéndole el nombre de las cosas que nunca había visto con anterioridad. La niña aprendía con facilidad y, cuanto más cosas descubría, más ganas tenía de aprender. El señor la adoraba y le demostraba cierto cariño y preferencia, haciéndole regalos, pero nunca la trató de forma indebida o incorrecta ni pretendió obtener de ella más de lo que la muchacha estaba dispuesta a dar.

Pero un accidente con el mayordomo, un hombre negro mayor y con mal genio, desató de nuevo a la bestia. Betina había roto, sin querer, varias piezas de una lujosa vajilla. El hombre le gritó e intentó abofetearla, llamándola estúpida y torpe. Irremediablemente, el recuerdo de su padre vino a su cabeza. Cuando recuperó la conciencia estaba desnuda en el suelo de la cocina, llena de sangre y pelos sueltos. Su ropa, hecha jirones, estaba esparcida por todos lados y el mayordomo, a su lado, había quedado reducido a algo irreconocible.

En lugar de escapar o de huir, fue a refugiarse en el despacho del señor, llorando desconsolada. Ella no quería hacerle daño a nadie. El señor la descubrió haciéndose cortes en los brazos con un abrecartas para castigarse, aunque las heridas sanaban rápidamente sin dejar marca alguna. La detuvo y le prometió ayudarla. El señor preparó todo para volver a Londres, a una finca en las afueras, dejando a hombres de confianza a cargo de sus propiedades en Barbados y se marchó a Europa sólo con Betina, a la que conservó como único miembro del servicio doméstico para evitar más accidentes.

Un día, el señor apareció con otro regalo para ella. Un collar de plata, grueso, ceñido al cuello, y que cerró en su nuca con un pequeño candado que el cabello oculta. Ese collar impide la transformación de Betina pues, cada vez que ocurre, a mitad del proceso, el collar se clava en la carne y debilita a la bestia, haciendo volver a la muchacha.  Vivieron en Londres durante los siguientes tres años y todo funcionó bien hasta que un día, por la noche, una pesadilla provocó que volviera a transformarse y escapara de la casa.

Diezmó parte del ganado de la finca y atacó a dos de los peones de su señor, aunque por suerte ninguno de ellos perdió la vida, pero habían visto a la muchacha transformarse. Antes de que las autoridades decidieran tomar cartas en el asunto, el señor se llevó a Betina a Francia, donde adquirió una nueva residencia en Paris para ambos. Desde ese día, es el señor el que guarda la llave de su collar y ni siquiera se lo retira por las noches.
Habilidades

• SENTIDOS AUMENTADOS: mayor percepción sensitiva (vista, olfato, gusto, tacto y audición).

• AGILIDAD: Poseen una habilidad inhumana en cuanto a movimientos y reflejos.

• DUREZA MENTAL O BLOQUEO: Habilidad que corresponde a bloquear todo ataque psíquico recibido ya sea por un vampiro u otro ser sobrenatural.

• LONGEVIDAD: Es la duración de vida de un licántropo, que en su mayoría profiere hasta los 500 años de edad, siendo relentizada la vejez humana en el cuerpo. Sin embargo no son inmortales y con el paso de los tiempos pierden gran parte de sus poderes.

• MEMORIA FOTOGRÁFICA: es la capacidad de no olvidar ningún momento de su propia vida, ya sea al recordar una imagen, un escrito, un sonido, etc. Este poder no suele mostrar control sobre la memoria, es decir, el recuerdo puede llegar a la mente a través de un olor, el tacto o cualquier otro sentido.

• REGENERACIÓN: es la capacidad de restaurar tejidos o cicatrizar heridas.

• PRECOGNICIÓN: Habilidad para percibir el peligro en la zona exacta en la que están, también pueden saber si el lugar donde se encuentran es seguro, en el mismo momento en que lo pisan.

• ÉXTASIS: Son capaces de estimular las emociones de un humano normal al máximo, otorgando una injustificada alegría o una tristeza desalentadora.

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Re: Betina

Mensaje por Josephine Boucher el Mar 23 Dic - 16:11

Ficha Aceptada
¡BIENVENIDA!

Qué historia.... Qué vida.... Vamos a ver cómo te va por aquí
***
¡Puedes proseguir con los registros!

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